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Salud

Medicamentos básicos que conviene tener en casa si hay niños

Cuando hay niños en la casa, tener a mano algunos elementos básicos puede hacer más llevadera una noche de fiebre o un malestar repentino. Acá te contamos, de forma general, qué suele recomendarse tener listo y en qué momento conviene dejar de resolverlo solo en casa.

Por qué conviene armar un botiquín pensado en los niños

Los niños se enferman distinto a los adultos: la fiebre sube rápido, un dolor de guatita puede aparecer de la nada y no siempre saben explicar bien qué les pasa. Por eso, tener ciertos elementos básicos organizados en un solo lugar ayuda a actuar con más calma cuando el malestar llega de sorpresa, sobre todo en la noche o en días donde no es tan fácil salir a buscar algo.

Esto no significa transformar la casa en una farmacia ni automedicar sin criterio. La idea es contar con lo esencial para acompañar un síntoma leve mientras se evalúa cómo sigue el niño, y tener claro desde cuándo corresponde llamar al pediatra o llevarlo a un centro de salud.

Antifebriles y analgésicos de uso pediátrico

El paracetamol y el ibuprofeno en presentación pediátrica suelen estar entre los medicamentos que las familias tienen más a mano para la fiebre o el dolor leve, como el que acompaña a un resfrío o una molestia de garganta. Existen en formato gotas, jarabe o suspensión, según la edad y el peso del niño.

La dosis correcta depende del peso y la edad, no solo de la edad como referencia general, así que conviene guiarse siempre por la indicación del pediatra o lo que señale el prospecto para el peso del niño. Si hay dudas sobre cuánto dar o cada cuánto, es mejor consultar antes de repetir una dosis, en vez de calcularlo a ojo.

Un termómetro confiable, más importante de lo que parece

Antes de pensar en qué medicamento dar, es clave saber si realmente hay fiebre y cuánta. Un termómetro digital, de los que se usan en la axila o el oído, suele ser una opción práctica para el día a día en casa, porque entrega una lectura rápida y es fácil de limpiar entre usos.

Vale la pena tener las pilas de repuesto a mano y revisar de vez en cuando que el termómetro siga funcionando bien, sobre todo si pasó tiempo desde la última vez que se usó. Anotar la temperatura y la hora en que se tomó también ayuda mucho al momento de contarle al pediatra cómo ha evolucionado el cuadro.

Suero de rehidratación oral para vómitos o diarrea

Cuando un niño tiene vómitos o diarrea, el mayor riesgo suele ser la deshidratación, más que el síntoma en sí mismo. El suero de rehidratación oral, en sobres o en formato líquido listo para usar, es uno de esos productos que conviene tener en el botiquín justamente para estos episodios, ya que ayuda a reponer líquidos y sales de forma gradual.

Se recomienda darlo en pequeñas cantidades y con calma, en vez de que el niño tome mucho de una sola vez, sobre todo si ha estado vomitando. Si el niño rechaza todo líquido, orina muy poco, está muy decaído o los síntomas se alargan más de lo esperado, ese es momento de consultar y no seguir intentando manejarlo solo en casa.

Elementos para golpes, raspones e irritaciones leves

Entre carreras, caídas y juegos, los golpes y raspones son parte del día a día con niños. Tener gasas, apósitos, algún antiséptico suave y un poco de suero fisiológico para limpiar heridas pequeñas ayuda a resolver estos episodios sin mayor drama, dejando la herida limpia mientras se observa cómo evoluciona.

También suele ser útil contar con alguna crema para irritaciones de piel leves, como las que aparecen por el uso de pañal o por roce. Si una herida se ve muy profunda, no deja de sangrar, o la piel se enrojece e hincha con el paso de los días, ahí conviene que lo revise un profesional de salud.

Jeringas dosificadoras y vasitos medidores, un detalle clave

Muchas veces el problema no es no tener el medicamento, sino no tener cómo medirlo bien. Las jeringas dosificadoras o vasitos que vienen con algunos jarabes ayudan a dar la cantidad exacta indicada, evitando los errores que pueden pasar al calcular con una cuchara de cocina, que no siempre mide lo mismo.

Si se pierde el dosificador original, en la farmacia suelen poder orientar sobre alternativas seguras para medir la dosis correcta. No está de más guardar el dosificador junto al medicamento, en la misma caja o bolsa, para no andar buscándolo justo cuando se necesita.

Cuándo dejar de resolverlo en casa y llamar al pediatra

Tener un botiquín básico sirve para acompañar síntomas leves, pero no reemplaza la evaluación de un pediatra cuando el cuadro cambia o se complica. Fiebre muy alta que no baja con el medicamento, decaimiento importante, dificultad para respirar, manchas en la piel o que el niño esté muy irritable o difícil de despertar son señales para buscar atención lo antes posible.

También conviene consultar si los síntomas se alargan más de lo esperado, si el niño es muy pequeño (los bebés suelen requerir más cautela ante la fiebre) o si simplemente algo no se ve bien, aunque sea difícil explicar por qué. Ante la duda, siempre es mejor preguntar que esperar a que el cuadro empeore.

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